Aunque para algunos sea una obviedad, el 18% de los europeos no conoce la diferencia entre fecha de caducidad y consumo preferente. En España, la sustitución de ambas calificaciones es un importante cambio para los hábitos alimentarios de los ciudadanos, acostumbrados a guiarse por una fecha concreta.

Los fabricantes deben incluir la fecha de caducidad en los productos perecederos y la de consumo preferente en los que no lo son tanto. Una se refiere a seguridad y otra a calidad, respectivamente.

Actualmente, todo alimento perecedero -aquel que tiene una vida útil de 2 a 30 días (lácteos y productos frescos)- debe ir etiquetado con la fecha de caducidad o fecha límite de consumo, después de la cual no se considerará comercializable y no será apto para el consumo. Es el momento a partir del cual el producto puede tener riesgo microbiológico.

Por su parte, la fecha de consumo preferente o “Consumir preferentemente antes de” indica el periodo dentro del cual, en condiciones normales de manipulación y almacenamiento, el producto conserva inalteradas sus características iniciales. Después de esa fecha el alimento es apto para la alimentación humana y no ocasionará ningún problema para la salud. Si bien, a partir de esa fecha irá perdiendo paulatinamente sus propiedades organolépticas (sabor, aroma, textura). Esta calificación le corresponde a alimentos semiperecederos, que mantienen sus características entre 30 y 90 días (quesos, encurtidos, helados…) y los no perecederos, que duran entre 90 días y 3 años (alimentos congelados, legumbres y frutos secos, entre otros).

No se pueden consumir productos que han superado su fecha de caducidad. Lo que se puede hacer si vemos que llega la fecha de caducidad y no los vamos a comer es congelarlos. Podemos hacerlo con carnes, pescados, incluso con el salmón ahumado, el jamón cocido…

Eso sí, al descongelar estos productos debemos consumirlos en menos de 24 horas.

SE PUEDEN CONSUMIR

Hay productos que sí podemos consumir aunque se haya superado su fecha. Este es el caso de los yogures, que pueden comerse aunque se haya superado en unos días la fecha de consumo preferente. No pasa nada, puede aumentar algo su acidez, pero no es nada peligroso, ya que la leche es pasteurizada.

Las galletas y los bollos que hayan superado la fecha de consumo preferente pueden estar algo más rancios, más secos, pero si los probamos y están bien, son comestibles.

Los aperitivos salados, las pastas secas, el arroz, la sal, y los productos de ultramarinos en general también pueden tomarse. No pasa nada si se supera la caducidad en unos días o un mes, siempre que se prueben y tengan buen sabor. Lo mismo ocurre con los embutidos al vacío o en atmosferas modificadas, salvo en algunos casos, como en el del pavo o el jamón cocido. Al tener mucha agua, estos productos son más frágiles, mientras que los curados o quesos son más resistentes y se pueden comer aunque se pase un poco la fecha.

Las bebidas refrescantes y las alcohólicas si llevan fecha también pueden consumirse más tarde. Puede alterarse un poco el color o el sabor, algunas pierden dulzor porque los edulcorantes se pueden descomponer, pero no es peligroso. Se prueban, y si están bien, adelante.

¿Y si ya se ha abierto el envase?

Las fechas de conservación, tanto de caducidad como de consumo preferente, están establecidas por el fabricante según estrictos criterios sanitarios y de calidad en unas condiciones de conservación estándar (temperatura, humedad, luz solar) recomendadas en el envase. Si estos parámetros no se cumplen, la vida del producto se acorta de forma ostensible. También si el envase protector está deteriorado o el producto se abre, las condiciones de conservación cambiarán, por lo que las fechas de consumo preferente o caducidad serán diferentes. En la mayoría de los casos, el fabricante establece el tiempo y nuevas condiciones de conservación una vez abierto el envase del producto.

Por un consumo responsable…

Fuente: Organización de Consumidores y Usuarios (www.ocu.org)